Eres investigador y además trabajas como experto evaluador de una prestigiosa revista científica. Ahora mismo estás trabajando en un proyecto muy importante para tu futuro profesional pero has llegado a un punto muerto en la investigación. Los responsables de la revista para la que trabajas te hacen evaluar un artículo que se basa en una investigación similar a la tuya. Después de analizarlo descubres que esta investigación ha llegado a conclusiones muy importantes y que si los resultados son publicados dejarán obsoleto todo tu trabajo. En esta situación tú…
A – Utilizas las conclusiones a las que llega el artículo para avanzar en tu propia investigación y retrasas la evaluación del mismo para que te dé tiempo a publicar tu propio artículo.
B – Das tu visto bueno y el artículo se publica. Gracias a los conocimientos adquiridos tu investigación supera el punto muerto pero cuando consigues publicar tu estudio ya no es una novedad.
C – Retrasas un poco la evaluación del artículo, lo justo para que te dé tiempo a publicar un breve resumen de sobre tu investigación. De esta manera no perjudicas a nadie, los otros autores consiguen publicar su artículo y tú consigues asegurar la vigencia de tu trabajo.
D – Buscas (o inventas) cualquier excusa técnica para rechazar el artículo y utilizas sus datos para mejorar en tu investigación.
E – Evalúas el artículo y das una opinión imparcial. Que pase lo que tenga que pasar.
Otro ejemplo de falta de integridad científica es la apropiación de los escritos ajenos aún no publicados en las revistas científicas. Recientemente el biólogo E.F. Wheelock escribió un informe sobre el "letargo y despertar de los tumores", destinado a servir para solicitar una subvención a los Servicios de Salud Pública estadounidenses. Cuál no sería su sorpresa al ver aparecer, dos años más tarde, en revistas especializadas, dos artículos que trataban exactamente sobre este tema y reproducían palabra por palabra gran parte de su informe. Los artículos los firmaba su colega A.E.K. Alsabati, que había trabajado cerca de cinco meses en su laboratorio durante la época en que él redactó dicho informe.
En general, no es un secreto para nadie del mundo científico que ciertos especialistas a quienes la revistas envían los originales para su examen los utilizan abusivamente para sus investigaciones personales y retrasan dar la opinión que se les ha pedido con el fin de que publiquen sus propios resultados antes que aquéllas en que se han inspirado o también para hacer publicar primero los de sus amigos. Un caso particular de este tipo de fraude es la apropiación por los directores o investigadores principales de los logros de sus doctorandos, lo que parece ser, por ejemplo, de Konstantinos Fostiropoulos, investigador en el Max Planck Institut en Jena, Alemania, quien participó en el descubrimiento del “buckminsterfullereno”, una molécula de carbono en forma de pelota de fútbol, y fue convenientemente “olvidado” al momento de patentar la técnica de fabricación. Algo parecido ocurrió con el premio Nobel y astrónomo Anthony Hewish, quien se apropió del descubrimiento de la evidencia experimental de la existencia de los pulsares, que en realidad efectuó su doctoranda Jocelyn Bell.
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