Has dedicado toda tu vida profesional a la investigación científica, te has convertido en la autoridad de referencia en tu campo y posees una cátedra en una prestigiosa universidad. Pero acabas de cumplir 70 años, estás sordo, tienes artrosis y problemas de visión. Los méritos acumulados durante una vida de trabajo te permitirían “relajarte intelectualmente” y pasar tus últimos años dedicado a lo que te apetezca. En esta situación tú…
A – La investigación es tu vida y no aceptas que tu cuerpo no te permita seguir haciendo aquello que has hecho siempre. Dado que toda la universidad sabe que no estás en condiciones de realizar las investigaciones por tu cuenta decides inventarte a un colaborador fantasma que supuestamente será quien haga el trabajo de campo. Llevas toda la vida investigando lo mismo y por lo tanto sólo tienes que “fabricar” datos que corroboren tus hipótesis anteriores. En realidad no estás inventándote nada, tú ya sabes cuál es la respuesta y sólo creas los datos que confirman una verdad ya demostrada por ti anteriormente. De esta manera mantienes tu prestigio intacto y nadie podrá decir que has perdido facultades.
B – Aceptémoslo, la edad no perdona y ya no estás para el trabajo de campo. Dejas la investigación activa y dedicas tu tiempo a la docencia y a asesorar a nuevos talentos que puedan beneficiarse de tu experiencia. Hay que dejar paso a las nuevas generaciones de científicos.
C – Te retiras, te lo has ganado. Piensas pasar el resto de tus días explicando batallitas a tus nietos y cuidando el jardín, ya le has dedicado tiempo más que suficiente a la universidad.
D – En realidad no se te plantea ningún problema, todos los estudios que has hecho a lo largo de tu vida son falsos. ¿Para qué ibas a desperdiciar tu valioso tiempo haciendo largos y tediosos estudios que no le interesan a nadie y que pueden resolverse con simple sentido común? Toda una vida de invenciones han dado sus frutos y ahora vas a retirarte y a disfrutar aún más de tu tiempo libre.
E – No haces nada y esperas a que el consejo de la universidad decida tu futuro.
¿Se hereda la inteligencia o se adquiere y desarrolla a lo largo de la vida? Esta pregunta posee particular importancia social y política. El trabajo de Sir Cyril Burt constituye el principal argumento de los partidarios de la transmisión hereditaria de la inteligencia. Burt, que murió en 1972 a los ochenta y ocho años de edad, fue considerado durante toda su vida como uno de los grandes maestros de la psicología en Inglaterra. Sólo después de su muerte surgieron críticas contra sus resultados. Los trabajos de Burt se basan en el estudio del cociente de inteligencia (C.I.) de los gemelos univitelinos separados al nacer. Si los C.I. de tales parejas de individuos (que tienen exactamente los mismos genes) son similares, se debe a que la educación en los distintos medios no repercute en las facultades intelectuales. Las conclusiones de todos los trabajos de Burt demuestran que los C.I. de los gemelos verdaderos que viven separados son muy próximos y, por consiguiente, la inteligencia es, ante todo, hereditaria.
Al final de su vida, Burt, anciano y sordo, no estaba ya en condiciones de efectuar las pruebas del C.I. Entonces empezó a publicar sus trabajos con dos colaboradoras, Conway y Howard, de las que precisamente se suponía que realizaban las encuestas. Pero en 1976, Oliver Gillie, periodista del Sunday Times, de Londres, afirmó después de una ardua investigación que estas dos colaboradoras sólo habían existido en la imaginación de Burt. Se comprobaba así que la obra de Burt era un fraude y que sus resultados habían sido amañados para demostrar las tesis del autor. La aclaración de la inexistencia de las "colaboradoras" de Burt condujo a numerosas análisis de sus trabajos, en los cuales se hallaron entonces datos sospechosos. En sus cálculos estadísticos aparecieron extrañas anomalías. Como es de suponer, los gemelos verdaderos no son muy numerosos y Burt los fue "encontrando" poco a poco a lo largo de su vida. Por consiguiente, sus sucesivos artículos que tratan sobre pares de gemelos cada vez más numerosos están espaciados por largos períodos de tiempo. Pero, dato curioso, el coeficiente de correlación entre los C.I. resulta ser, en todos las casos, exactamente el mismo con los tres decimales siempre idénticos. Los coeficientes de correlación eran de 0,944 para los gemelos criados juntos, y de 0,771 para los que habían sido criados por separado. Esos resultados sugerían que la herencia jugaba un papel importante sobre la inteligencia: lo innato era más importante que lo adquirido. La permanencia de tal coeficiente de correlación preciso deviene altamente improbable cuando el tamaño de la muestra es tan pequeño. El análisis estadístico detallado de una de las obras de Burt, "Inteligencia y movilidad social", realizado por el psicólogo norteamericano D.D. Dorffman en 1978, demostró de forma muy clara que, sin duda alguna, Burt "fabricaba" sus resultados.
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